Una de las peores tormentas del autor

Yo soy el que escribe, mi nombre es Roberto González Ferrer, mis padres fueron Arturo González Rivas e Irene Elodia Ferrer Legarda. Nací un día 9 del noveno mes del año de 1949 en Comales Tamaulipas.

No voy a relatar todas las peripecias que viví con mi padre, ya que él, siguió la tradición de su padre, o sea, mi abuelo, el cual se dedicaba a la pesca y la caza.

En cierta ocasión en que fuí de pesca acompañando a mi padre, tuve mi primer encuentro con las olas, las cuales hicieron que me mareara de tal forma que todo lo que había desayunado, tuve que “tirarlo” por la borda y no me quedó nada en el estómago, pero una vez que pude sobreponerme al mareo, continué acompañando a mi padre en sus expediciones de pesca, ya que para un chamaco, todo es emoción, todo es una aventura, ya que no importaba tener que sortear tempestades y toda clase de problemas donde a veces se descomponía el motor y teníamos que remar a tierra firme.

En una ocasión vimos venir del lado norte, lo que se le llama una “ceja de nubes” y avanzaba tan rápido que en cuestión de cuatro a cinco minutos teníamos una tempestad tan fuerte que si uno no está preparado con un buen equipo de navegación, fácilmente podría zozobrar cualquier embarcación. Esa vez nos sorprendió con tal ímpetu la tempestad que no nos dió oportunidad de encender el motor y luego, para colmo de males, la propela del motor, se enredó en los áperos de pesca haciendo, más difícil nuestra desesperada situación ya que la tempestad nos golpeaba tan fuerte y con tal saña que el agua entraba en infinidad de olas por la proa, yo estaba en el asiento de en medio de la lancha y las olas me golpeaban la espalda y salían por la popa.

Jamás ví a mi padre tan asustado como en esa ocasión, después de esa experiencia, me reía con ganas al recordar sus ojos casi desorbitados cuando las olas cubrían la lancha; por suerte, traíamos un bote de veinte litros y con el, sacaba el agua de la lancha, pues de otra manera, hubiéramos naufragado. Teníamos además, dos salvavidas pero sabíamos que si caíamos, no saldríamos vivos pues alrededor nuestro, parecía una olla de agua hirviendo.

Mi padre me platicó que en treinta años de andar en el agua, jamás le había pescado una tormenta como esa, así que es de comprenderse, el susto que pasamos.

 

Published in: on abril 9, 2008 at 6:30 pm  Dejar un comentario  
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